Hablando con él, Alicia siempre se siente comprendida. Tienen el tipo de relación en el que cuando uno empieza una frase, el otro la termina. Una amistad fraguada tras horas y horas de conversaciones y noches sin dormir por no poder dejar de hablar el uno con el otro. Mirándose al corazón de un modo tan puro que no tiene sentido no quemarse, no lanzarse al vacío a comprobar qué hay detrás de esas palabras. Se conocen. Se conocen los dos tan bien que probablemente es imposible que lo que sea que haya entre ellos saliera mal pasara lo que pasara.
Alicia lleva meses fantaseando con lo grande que la tiene él gracias a un comentario que él dejó caer la noche que se contaron su primera vez. Y él la ve en sus sueños saliendo de la ducha con los cabellos mojados chorreándole por el resto del cuerpo y la piel de gallina. Y la quiere envolver con una toalla suave y caliente sólo por un instante. Tan sólo por un instante para poder abrazarla un segundo antes de que su pasión contenida se desate y la bese intensamente en la boca. Antes de que ella le desabroche los botones del pantalón y compruebe ansiosa que él no mentía. Antes de que Alicia se rinda y rodee el cuerpo de él con sus largas piernas. Antes de que él descargue toda su pasión dentro de ella. Y antes de que se haga tarde y se den cuenta de que todo estaba en su imaginación. Antes de que Alicia huya a su País de las Maravillas y de que él vuelva a su cruda realidad.
Porque entre Alicia y él nunca pasará nada. Porque él no jugaba para no perder y Alicia hacía trampas para no ganar.
"Everything will be ok in the end. If it's not ok, it's not the end"
martes, 30 de agosto de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Matando príncipes...
Alicia suspira profundamente tumbada sobre la suave hierba con los ojos cerrados imaginando a su príncipe azul. Tan sólo imaginando cómo él la querría. Intensamente cuando la deseara, dulcemente cuando quisiera que fuera ella la que lo deseara, tiernamente cuando ella estuviera triste o preocupada y en la distancia cuando él o ella o los dos necesitaran aire libre y soledad.
Por eso Alicia no entiende nunca qué les pasa a esas princesas caprichosas y egoístas, que cuando se enfadan dejan a su príncipe azul con la intención de que él vuelva suplicando más de mil y una veces que le perdone por algo que probablemente él no sabe ni que ha hecho. Alicia no entiende que teniendo un príncipe azul que te baja la luna cuando tú quieres, que tira su capa en los charcos para que tus zapatos no se mojen, que lo deja todo cuando tú le dices ven, haya princesas que no sean capaces de apreciarlo.
Alicia es consciente de que el príncipe azul se destiñe con los lavados, pero conoce a este príncipe aunque no sea de ella y sabe que sigue siendo azul y que quiere a su princesa más que a su vida. ¿Cómo puede ella no darse cuenta? ¿Y por qué tiene que poner su amor a prueba cada momento?
Que se esté en pareja no implica que la persona pierda su carácter individual. La otra persona no te pertenece hasta esos extremos. Que tú seas mío y que yo sea tuya no implica que nos convirtamos en un ente que hace todo juntos. Nos convertimos en nosotros para ser mejores, pero de vez en cuando podemos ser sólo tú o sólo yo. Y que juntos nosotros funcionemos bien depende de que tú y yo también funcionemos bien y estemos autorrealizados y felices por separado.
No sé, en el País de las Maravillas de Alicia las peleas de enamorados nunca duran más de un día y siempre se resuelven consultándolo juntos con la almohada.
viernes, 19 de agosto de 2011
Pedazos de mi vida rota
"Yo no quiero que te mueras".
Después de una ración del más delicioso sexo que mi cuerpo ha probado nunca (tu variante del "te amo más que a mi propia vida y esto es por si algún día te atreves a olvidarte de mí"), enredados en tu cama, te susurré al oído:
- Prométeme que no me vas a dejar nunca.
De música de fondo suena "Have you ever loved a woman" de Bryan Adams, cómo no, Bryan Adams siempre sonaba cuando hacíamos el amor. Y tú, en vez de engañarme, me dices:
- Eso no te lo puedo prometer, mi amor.
- ¿Por qué? ¿Es que crees que vas a querer dejarme algún día?
- No, claro que no, tonta, pero hay cosas que no dependen de mí. Puedo tener un accidente o una enfermedad. Puedo morirme.
-No digas eso. Yo no quiero que te mueras. Dime que no morirás, que no me dejarás nunca.
- No te lo puedo decir, mi vida, no llores. No depende de mí, pero si pasa quiero que vuelvas a sonreir cuando puedas. Que encuentres a alguien y sigas adelante con tu vida. Quiero verte feliz.
- No puedo vivir sin ti. Me suicidaré, me cortaré las venas, saltaré por un acantilado. Me moriré sin ti.
- No digas tonterías, cariño. Claro que puedes. Sobrevivirás.
Ni siquiera las cristalinas lágrimas que asomaban en mis ojos lograban nunca que me mintieras. Por eso te quise tanto. Lloré en silencio entre tus brazos y tus dulces besos se fueron tragando mis lágrimas mientras nos volvíamos a fundir en uno.
Siempre me he preguntado si tú ya lo sabías. Cuánto me duele reconocer que tenías razón.
Después de una ración del más delicioso sexo que mi cuerpo ha probado nunca (tu variante del "te amo más que a mi propia vida y esto es por si algún día te atreves a olvidarte de mí"), enredados en tu cama, te susurré al oído:
- Prométeme que no me vas a dejar nunca.
De música de fondo suena "Have you ever loved a woman" de Bryan Adams, cómo no, Bryan Adams siempre sonaba cuando hacíamos el amor. Y tú, en vez de engañarme, me dices:
- Eso no te lo puedo prometer, mi amor.
- ¿Por qué? ¿Es que crees que vas a querer dejarme algún día?
- No, claro que no, tonta, pero hay cosas que no dependen de mí. Puedo tener un accidente o una enfermedad. Puedo morirme.
-No digas eso. Yo no quiero que te mueras. Dime que no morirás, que no me dejarás nunca.
- No te lo puedo decir, mi vida, no llores. No depende de mí, pero si pasa quiero que vuelvas a sonreir cuando puedas. Que encuentres a alguien y sigas adelante con tu vida. Quiero verte feliz.
- No puedo vivir sin ti. Me suicidaré, me cortaré las venas, saltaré por un acantilado. Me moriré sin ti.
- No digas tonterías, cariño. Claro que puedes. Sobrevivirás.
Ni siquiera las cristalinas lágrimas que asomaban en mis ojos lograban nunca que me mintieras. Por eso te quise tanto. Lloré en silencio entre tus brazos y tus dulces besos se fueron tragando mis lágrimas mientras nos volvíamos a fundir en uno.
Siempre me he preguntado si tú ya lo sabías. Cuánto me duele reconocer que tenías razón.
martes, 9 de agosto de 2011
Sinceramente...
Yo no te pido nada, nunca lo he hecho.
Sé que probablemente no leerás esto. Y que lo más seguro es que si lo hicieras, no te enteraras siquiera que me refiero a ti. Poco me importa eso, la verdad. Como tampoco ya ni me importa tu situación ni nada aparte del momento presente. No se puede vivir anclado en el pasado ni tampoco pensando en el futuro. Sólo se vive el presente. Y ahora mismo no me preocupa el mañana, el mañana ya llegará, siempre llega. Sólo quiero que me mires y te des cuenta de cuánto te deseo. Sólo quiero saber lo larga que es tu lengua y si puede seguir el ritmo de mi lengua. Quiero saber qué secretos innecesarios le confesarías a mis oídos para llevarme a tu cama. Cómo se siente tu barba entre mis piernas. Cómo suenan tus suspiros en mi oreja y cómo se siente el aire cuando tus dedos rozan mi piel. Y que se detenga el tiempo y esa noche del presente dure una eternidad. Yo tan sólo quiero probarte. Sin ataduras, sin compromisos. Tan sólo piel contra piel.
Ya ves, soy una chica fácil. No necesito que me jures amor eterno, sólo que me quieras esta noche. No necesito que me bajes la luna para ser tuya por un momento. No espero a cambio mas que seas mío por ese momento.
Sinceramente, sólo quiero estar esta noche contigo. Y lo que pase mañana, pasará mañana.
viernes, 29 de julio de 2011
A través del espejo
¿Está mal que una mujer se encante a sí misma? Alicia es una narcisista. Podría pasarse horas y horas mirándose al espejo de doble hoja del armario empotrado de su habitación. Y aún más horas en su baño con espejos en las cuatro paredes. Le encantan sus cejas tan perfectas y naturales, con esos ojos almendrados bajo ellas. Le encanta ver su naricilla llena de pecas porque hoy, por fin, ha salido el sol y pudo ir a la playa. Pero sobre todo le encantan sus labios carnosos y jugosos, siempre apetecibles, siempre en busca y captura de los besos de Él, aunque Él no quiere dárselos.
Alicia no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en que se sentía un patito feo. Pero ese patito creció y dejó atrás la adolescencia y se convirtió en un cisne orgulloso y precioso. Y la Alicia del presente se quiere mucho, se adora incluso. Quizás porque está sola o quizás simplemente porque es perfecta a pesar de sus mil imperfecciones. Pero a ella le encantan sus pechos calientes y turgentes. Le encanta que sus pezones rosados se endurezcan por el simple roce de sus propios dedos, aunque desearía que fueran los dedos de Él los que provocaran ese efecto. Le encanta la forma de guitarra española que le devuelve el espejo cuando mira su precioso cuerpo en él reflejado. Le encanta trazar con las yemas de sus dedos la curva que desciende de su cintura de avispa hasta sus caderas. Quizás lo que menos le guste a Alicia de sí misma sean sus muslos. Son tersos y duros gracias al deporte, pero para ella sus jamones serían más perfectos si fueran algo más delgados. A Alicia le encantan hasta sus pies, con sus uñas siempre pintadas del color de su humor de esa semana: verdes en el día de hoy. Verdes como el color de la esperanza. Como la esperanza de que Él aparezca este sábado y la bese sin más. Sin explicaciones, simplemente porque le apetece. Como la esperanza de que la coja de la mano y se la lleve a algún lugar bonito, a un lugar apartado y la haga más suya todavía. Porque Alicia ya es suya, aunque Él no lo sabe, ella respira y vive para él.
Y allí, en la bañera de ese baño cubierto de espejos, Alicia se libera de todas sus tensiones entre la espuma y su pequeña y hábil mano izquierda, que la conoce a la perfección y sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Mientras en la mente de Alicia se proyecta otra película infinitamente más amable y placentera para ella: Él recorriéndola con sus besos mientras la hace suya en un abrazo intenso y tierno. Y todo va subiendo de temperatura y al terminar Él le dice que la quiere. Alicia ya está totalmente relajada, pero por sus sonrosadas mejillas se deslizan algunas lágrimas atrevidas. Porque aunque Alicia vive en su País de las Maravillas, sabe que un "te quiero" después del sexo no es real, no es más que una quimera.
miércoles, 27 de julio de 2011
25 de Julio de 2011
Es un día importante para mí, quizá el más importante de mi vida hasta el momento presente. Hoy se cumple uno de los objetivos que me había marcado para este año y estoy feliz. De verdad que soy muy feliz. Me llueven los enhorabuenas de toda la gente que me importa en este mundo, pero yo no puedo evitar pensar que no es para tanto y que no lo merezco. No quiero quitarme el mérito, que algo sí que tengo y me siento orgullosa, pero es que tanta felicitación no deja de recordarme que hace mucho que debería haber alcanzado este objetivo y así no habría faltado a mi palabra y él estaría orgulloso de mí. Y cuando respondo que sí, que muchas gracias y que esto muy contenta, pero que ya era hora, todos me disculpan. "Es que desde que empezaste a trabajar..."; "Fueron unas circunstancias especiales"; "Lo hiciste muy bien, teniendo en cuenta la situación y todas tus circunstancias". Y yo me callo. No les doy la razón, pero tampoco digo nada. Porque en el fondo yo sé que no fueron las circunstancias ni el trabajo, ni nada aparte de mi inmensa capacidad para hacer el vago y dejar las cosas para el último momento. Y, seamos realistas, soy lista, pero ciencia infusa, desgraciadamente para mí, no tengo. Quizá eso cambie algún día, no lo sé. Aunque no siempre soy así, si algo me apasiona suelo entregarme en cuerpo y alma.
Bueno, la cuestión es que he cumplido el objetivo posible que tenía para este año. El imposible, el que no depende sólo de mí, pero que sigo esperando como una ilusa, mis ilusiones y mis sueños, sigue sin cumplirse. Y quizás se cumpla o se transforme en otro objetivo de la misma naturaleza, pero posible. Me quedan otros cinco meses para conseguirlo y quién sabe lo que se cruzará en ese tiempo en mi destino. Sólo sé que lo que predijo mi amiga la bruja se ha cumplido: según ha ido pasando el tiempo todo ha sido ascendente.
Hoy finaliza una etapa de mi vida muy larga, pero también muy buena y rica en vivencias. Dentro de poco empezará otra que espero que me haga realizarme como persona y de la que cada día estoy más convencida de que he hecho la elección correcta. Una etapa que espero que me lleve al objetivo final de mi vida. Un objetivo muy ambicioso y difícil, pero que me encantaría poder alcanzar algún día. Mientras tanto, yo seguiré escribiendo mi destino pasito a paso y con buena letra. Intentaré no perder nunca la esperanza y esperemos que todo siga siendo ascendente.
Bueno, la cuestión es que he cumplido el objetivo posible que tenía para este año. El imposible, el que no depende sólo de mí, pero que sigo esperando como una ilusa, mis ilusiones y mis sueños, sigue sin cumplirse. Y quizás se cumpla o se transforme en otro objetivo de la misma naturaleza, pero posible. Me quedan otros cinco meses para conseguirlo y quién sabe lo que se cruzará en ese tiempo en mi destino. Sólo sé que lo que predijo mi amiga la bruja se ha cumplido: según ha ido pasando el tiempo todo ha sido ascendente.
Hoy finaliza una etapa de mi vida muy larga, pero también muy buena y rica en vivencias. Dentro de poco empezará otra que espero que me haga realizarme como persona y de la que cada día estoy más convencida de que he hecho la elección correcta. Una etapa que espero que me lleve al objetivo final de mi vida. Un objetivo muy ambicioso y difícil, pero que me encantaría poder alcanzar algún día. Mientras tanto, yo seguiré escribiendo mi destino pasito a paso y con buena letra. Intentaré no perder nunca la esperanza y esperemos que todo siga siendo ascendente.
jueves, 21 de julio de 2011
Secretos inconfesables en el País de las Maravillas
Alicia llevaba ya tiempo esperando por el hombre perfecto. Aquel caballero de brillante armadura que la sacara de su encierro y la hiciera suya todas las noches de su vida. No se había entregado a nadie en mucho tiempo porque ninguno era el adecuado. Y ninguno lo sería porque ninguno era Él. Poco importaba que Él no estuviera disponible; peor aún, no importaba que Él no la tuviera en cuenta. Pero Alicia sabe que hasta en su País de las Maravillas todo tiene su fin. Eso y y también que las personas tienen necesidades, algunas más urgentes que otras. Por eso Alicia no se extrañó de que una noche de luna llena y cielo estrellado se encontrara llamando a Bautista... Y a Carlos... Y también a David.
No le remordió la conciencia cuando llegó Bautista y sin mediar palabra la agarró por detrás y le apartó con la mano izquierda los oscuros cabellos para poder mordisquearle suavemente el lóbulo de su oreja derecha mientras con los dedos de la mano derecha intentaba sintonizar alguna melodía romántica con su pezón derecho. Ni pensó en Él cuando poco a poco Bautista fue besando sus hombros desnudos y dulcemente deslizó con sus dedos los tirantes de su camisón de seda que cayó al suelo ya sin marcha atrás. Alicia le dejó que siguiera bajando tiernamente, apenas rozándole la piel perfumada con agua de rosas, hasta llegar allí donde la espalda pierde su casto nombre. Dejó que le separara las piernas mientras ella se perdía sin remedio entre los laberintos rizados de los cabellos de él.
No se sintió culpable cuando apareció Carlos y, cogiéndole el rostro con ambas manos para poder mirarla a los ojos, la besó con una pasión y un deseo desmedidos. Alicia se inclinó suavemente hacia adelante cuando Carlos con su vigor ya encendido le sugirió el movimiento cubriendo con sus manos los pechos de ella. Con delicadeza, suavemente aunque ya no era necesario, Carlos empujó hasta ese punto en el que si llegas las caderas de cualquier mujer se mueven solas por el deseo, y le arrancó a ella otro profundo suspiro de sus carnosos labios. En ese momento llegó David y a Alicia le encantó comprobar que a pesar de su enorme tamaño, encajaba a la perfección entre sus labios ansiosos que lo devoraron sin parar hasta que al final por todas partes brotaron los elixires de todos ellos.
Más tarde esa misma noche, cuando Alicia volvió de su País de las Maravillas, deseó que todo aquello fuera cierto y no sólo el sueño de una ardiente noche de verano.
No le remordió la conciencia cuando llegó Bautista y sin mediar palabra la agarró por detrás y le apartó con la mano izquierda los oscuros cabellos para poder mordisquearle suavemente el lóbulo de su oreja derecha mientras con los dedos de la mano derecha intentaba sintonizar alguna melodía romántica con su pezón derecho. Ni pensó en Él cuando poco a poco Bautista fue besando sus hombros desnudos y dulcemente deslizó con sus dedos los tirantes de su camisón de seda que cayó al suelo ya sin marcha atrás. Alicia le dejó que siguiera bajando tiernamente, apenas rozándole la piel perfumada con agua de rosas, hasta llegar allí donde la espalda pierde su casto nombre. Dejó que le separara las piernas mientras ella se perdía sin remedio entre los laberintos rizados de los cabellos de él.
No se sintió culpable cuando apareció Carlos y, cogiéndole el rostro con ambas manos para poder mirarla a los ojos, la besó con una pasión y un deseo desmedidos. Alicia se inclinó suavemente hacia adelante cuando Carlos con su vigor ya encendido le sugirió el movimiento cubriendo con sus manos los pechos de ella. Con delicadeza, suavemente aunque ya no era necesario, Carlos empujó hasta ese punto en el que si llegas las caderas de cualquier mujer se mueven solas por el deseo, y le arrancó a ella otro profundo suspiro de sus carnosos labios. En ese momento llegó David y a Alicia le encantó comprobar que a pesar de su enorme tamaño, encajaba a la perfección entre sus labios ansiosos que lo devoraron sin parar hasta que al final por todas partes brotaron los elixires de todos ellos.
Más tarde esa misma noche, cuando Alicia volvió de su País de las Maravillas, deseó que todo aquello fuera cierto y no sólo el sueño de una ardiente noche de verano.
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